Universo Paralelo: " PERO LAS PALABRAS Y LAS OBRAS NUNCA MUEREN"

ZAMORAPUNKIEDIALECTOLOGÍAMOVIDAFOLCLORE
HIPPIELITERATURATRAVESTIENTENDIMIENTOPAPEARHABLA
MORROLENGUAPIZZERÍAPALABRASVICENTE
Sobre la mesa número 3 de la pizzería de la calle Alcántara, un trozo de masa aliñada se quedaba frío ante la pasiva mirada de la camarera. " Paso de recoger más mesas, voy a echarle morro". Pensaba en estas palabras mientras otras personas papeaban en la mesa número 6. Había tenido mucha movida esa mañana, pero con su actitud de punkie sin domar, no dejaba que el cansancio se apoderase de ella. Más que nada porque no permitía que el trabajo la maltratase.
El hombre que había manchado la mesa número 3 había estado comiendo alli aproximadamente dos horas antes. La camarera lo conocía y sabía que era, como decían en el barrio, " un poco rarito". Esto se explica porque por las noches algunos le habían visto disfrazado de mujer... ¡Travesti!, le decían, aunque a él parecía no importarle.
A la jefa de la camarera, que era la dueña del local, le daba igual que su empleada estuviese dándole a la lengua en la barrra mientras la gente esperaba en las mesas. Quizá porque también era un poco hippie, en el mejor sentido de la palabra, el entedimiento entre hippies y punkies de todos es sabido. Ninguno de los dos se lava los pies. Daba la impresión de que una no hablaba con la otra. Recuerdo una vez que presencié una conversación muy interesante. La jefa le decía a la camarera que no sabía nada de lieratura, que era una ignorante y que más le hubiese valido haber leído algún libro en su vida. La empleada, con mucho desparpajo, respondió que ella, con todo lo ignorante que era, había leído un libro sobre dialectología y folclore asturiano. Esto abrumó a su superiora, que, desde aquel día, le dejó hacer y deshacer a sus anchas en la pizzería sin atreverse a replicar. Lo que no sabía es que su asalariada había leído el título de aquel libro en el ejemplar de un hombre se había sentado en la mesa donde se disponía a comer y había posado en libro sobre ésta. Un libro que pertenecía al hombre que denominaban "rarito", al hombre travestido, que acostumbraba a ir por el local. Y que se sentaba en la mesa número 3.
...Al señor Zamora Vicente. Que de tanto escuchar, consiguió que todos hablásemos mejor. Que de tanto escribir, contribuyó a que lenguas y dialectos evolucionasen y fuesen más conocidos. Y que de tanto vivir... al final dejó de hacerlo.

memareamirar dijo
Cachis en la mar, rula!
Onde tiñas oculto todo ese talento de escritora?
Estou patidifusa!
PLASPLASPLAS!!!
17 Marzo 2006 | 01:40 PM